🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Estrenos ⚡ Ácido Cítrico

Across the Spider‑Verse — Un paseo de la telaraña sin chispas

✍️ Por: Héctor Veneno
🎬 Director: Joaquim Dos Santos
👥 Reparto: Shameik Moore, Hailee Steinfeld, Brian Tyree Henry, Oscar Isaac, Mahershala Ali
⏱️ Lectura: 6 min
⚡ Ácido Cítrico 7/10
Público --
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Across the Spider‑Verse: Un paseo de la telaraña sin chispas
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La semana pasada, los cines de todo el planeta fueron invadidos por una explosión de colores que recordó más a una fiesta de neón en una discoteca de los 80 que a la digna continuidad de una saga de cómic. "Across the Spider‑Verse" llega con la pretensión de expandir el multiverso como quien abre la puerta de un armario sin fondo, esperando encontrar tesoros y, en su lugar, una montaña de ropa sin combinar. La producción, una colosal amalgama de animación 3D y 2D, intenta convencernos de que la sobrecarga visual es sinónimo de innovación, mientras el crítico de Claqueta Ácida apenas aguanta el embrión de la paciencia que nos queda después de tantos trailers de Instagram.

Nuestro equipo, armado con café barato y una ironía afilada como navaja de barbero, se sumerge en esta telaraña de efectos, diálogos y referencias que hacen que la sola mención del "Spider‑Man" suene como un insulto a la inteligencia colectiva. Aquel que se atreva a ver la película sin un guion de papel reciclado en la mano será condenado a perder la noción del tiempo, del espacio y, sobre todo, del sentido. El resto, agradecido por haber sobrevivido a la experiencia, encontrará en nuestras palabras la única brújula que pueda guiarlo fuera de este laberinto de animación sin alma.

Un viaje alucinante al aburrimiento absoluto

La trama, en teoría, consiste en Miles Morales y Gwen Stacy saltando de un universo a otro para impedir que una entidad cósmica destruya la realidad. En la práctica, la narrativa se desplaza como un coche sin motor en una carretera de neón, con giros de guion tan previsibles que uno podría anticiparlos antes de que el director de animación los dibuje. Cada salto multiversal se siente como una autopista de clichés, con personajes que aparecen y desaparecen como si fueran anuncios publicitarios en una página de Instagram. Los diálogos, plagados de referencias a memes que ya han muerto, intentan ser ingeniosos, pero terminan sonando como si una IA hubiera generado los chistes tras una maratón de series de televisión de los 2000.

El reparto, aunque encabezado por la carismática voz de Shameik Moore, se vuelve una galería de figuras de acción sin alma. Hailee Steinfeld, cuyo talento ha sido relegado a una serie de fotos de Instagram, recita sus líneas con la misma energía que un robot aspirador recorre la misma habitación una y otra vez. Brian Tyree Henry intenta aportar una dosis de humor negro, pero sus chistes caen tan planos como una hoja de papel en una impresora sin tinta. Incluso Mahershala Ali, cuya presencia suele imprimir solemnidad, se reduce a un cerebro de hormiga que intenta explicar conceptos metafísicos sin lograr que el público entienda nada.

En cuanto a la construcción de los universos, la película ofrece un desfile de excesos cromáticos que harían sonrojar al propio Andy Warhol. Cada universo parece haber sido diseñado por un comité de mercadólogos que, en lugar de buscar coherencia, optó por la saturación total. Los fanáticos de los cómics pueden reconocer homenajes a obras clásicas, pero estos son tan superficiales que parecen haber sido insertados como stickers de Instagram, sin comprender el contexto ni la reverencia que merecen.

Estética de serie B y Pepsi‑Cola

Visualmente, la película se apoya en una estética que recuerda a los anuncios de refrescos de los años noventa: luces de neón, brillos metálicos y transiciones que parecen sacadas de un videojuego de arcade. El equipo de animación, bajo la dirección de Joaquim Dos Santos, parece haber tomado el concepto de "cultura del meme" y lo ha convertido en un efecto CGI de bajo calibre que se desplaza sin gracia entre los paneles. La composición de los planos se vuelve tan plana que el espacio parece colapsar como una pared de ladrillos que nunca fue construida.

El intento de mezclar estilos 2D y 3D resulta en una corteza de animación rasposa, como si el diseñador gráfico se hubiera quedado sin presupuesto y hubiese decidido reutilizar assets de trabajos anteriores. La iluminación, en lugar de servir al relato, se ha convertido en un espectáculo de luces parpadeantes que recuerdan a la pista de baile de un club de la década del 2000. En definitiva, la película ofrece una estética de serie B y Pepsi‑Cola, donde la brillantez visual es únicamente un velo para ocultar la falta de sustancia narrativa.

A nivel de sonido, la banda sonora pretende ser épica, pero termina pareciéndose a una playlist de Spotify creada por algoritmos que sólo conocen el género "electrónica". Los efectos de sonido, desde los golpes de puño hasta los disparos de energía, están tan sobreprocesados que resultan más molestos que entretenidos, como una alarma de coche que suena cada vez que se pasa por un semáforo.

Lo mejor

  • Innovación visual en los universos: Cada salto multiversal presenta una paleta de colores distinta, lo que demuestra una valentía (aunque errónea) para experimentar con la estética.
  • Actuaciones de voz: A pesar de la trama, la química entre Moore y Steinfeld mantiene cierta chispa que evita que la película sea totalmente insípida.
  • Referencias a la historia del cómic: Los fanáticos encontrarán guiños a obras clásicas que, aunque superficiales, sirven como pequeños premios para los conocedores.

Lo peor

  • Guion de papel reciclado: La historia se siente como una copia barata de su predecesora, sin aportar originalidad ni profundidad.
  • Exceso de efectos visuales: La saturación cromática y los CGI baratos empañan cualquier intento de inmersión.
  • Personajes sin desarrollo: Los protagonistas carecen de arco narrativo, convirtiéndose en meros vehículos de exposición de merchandising.

El Veredicto de Claqueta Ácida

En conclusión, "Across the Spider‑Verse" es una película que se sumerge en la autocomplacencia de un universo multiversal sin comprender que la verdadera grandeza radica en la narrativa, no en la cantidad de universos que puedas lanzar al aire. La película ofrece un espectáculo de luces y colores que, si bien puede satisfacer a los amantes de la estética pop‑art, deja a los verdaderos cinéfilos con la sensación de haber asistido a una exposición de propaganda de una marca de refrescos. Con una cultura del meme que intenta disfrazar la falta de sustancia, este filme se convierte en una galería de autoglorificación que, al final, solo sirve para recordarnos que, a veces, menos es más. La telaraña fue lanzada, pero el hilo se rompió antes de que alguien pudiera atraparlo. 💀

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